La iglesia San Alejo y el parque Montalvo, sitios de congregación de católicos en el centro de Guayaquil

La iglesia San Alejo es uno de los templos católicos más antiguos de Guayaquil. Ubicada en las calles Eloy Alfaro y Olmedo, en el centro porteño, su origen se remonta al siglo XVIII, cuando fue construida en madera por la Orden Mercedaria.

Su torre era una imagen emblemática de la zona, sobre el estero San Carlos, hoy avenida Olmedo. En esa época, Guayaquil sufría de los ataques piratas, quienes incluso ingresaban a la iglesia para orar antes de hacer sus fechorías, según reseñas municipales.

En el año 1786, el sacerdote Salvador Guerrero tuvo la idea de edificar otra para congregar a constructores navales. El comerciante guayaquileño Severino Franco donó el terreno y la imagen de San Alejo fue entregada por Alejo Franco.

En 1829 fue establecida como viceparroquia. En 1865 el segundo obispo de Guayaquil, monseñor José Tomás de Aguirre y Anzoátegui, la erigió como parroquia, de forma canónica.

De inicios del siglo pasado aún se conserva la cubierta abovedada y el retablo del altar, pues las paredes y los entablados del piso fueron reconstruidos con hormigón.

Una de las figuras religiosas destacadas en el templo es el Jesús con chorros. Según una leyenda, una joven había pedido un milagro de amor a esta escultura a cambio de darle los chorros de su pelo para que la imagen lo luciera. El milagro se realizó y la joven le cumplió.

A la izquierda de la puerta principal está ubicado un conjunto escultórico que representaba las luchas entre conservadores y liberales en el siglo pasado. En ella, dos personajes azotan a Cristo. Antiguamente se la conocía como el Señor de la Patada, pero en la actualidad tienen la denominación del Señor de los Azotes.

Según el libro Monumentos, plazas y parques de Guayaquil, de autoría de Efrén Avilés y Melvin Hoyos, esas figuras tenían parecidos con el expresidente Eloy Alfaro y su lugarteniente Pedro Montero.

Con el paso de los años y para evitar malos entendidos sus rostros fueron retocados.

Una de las tradiciones que impusieron los españoles en Guayaquil era la de construir plazas junto a iglesias.

Es así que junto al templo San Alejo también su ubicó una pequeña plazoleta, en la que los porteños se recreaban luego de las ceremonias religiosas.

A finales del siglo XIX, el cabildo denominó esta plazoleta como Juan Montalvo, en honor al escritor ambateño.

El 9 de octubre de de 1919 en esta plaza se instaló el monumento de El Fauno y La Bacante, que generó críticas por los párrocos de San Alejo, al considerarlo “ofensivo”.

Tras varios reclamos, esta efigie fue trasladada algunas metros en el interior de la misma plazoleta. En el 2004 esta figura pasó al jardín botánico del Malecón Simón Bolívar.

En 1972, el entonces alcalde Enrique Grau Ruiz lideró una reestructuración del parque.

Tres años después, y por iniciativa del colegio San Francisco de Quito, en Guayaquil se erigió el monumento a Montalvo, obra del escultor lojano Alfredo Palacio, autor de otras esculturas en la ciudad.

Debido a la pandemia de COVID-19, la plaza y la iglesia estuvieron cerrados durante varias semanas.

Gradualmente los fieles han comenzado a regresar al templo, sobre todos quienes trabajan en la Bahía.

La plazoleta también espera abrir sus puertas en los próximos días para recibir a visitantes. 

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