Explorador revela imágenes del primer encuentro con los temibles ‘aucas’ en la selva de Ecuador.

El largo confinamiento por el coronavirus permitió que un explorador estadounidense se reencontrara con fotografías del año 1972 cuando por primera vez hubo el encuentro con una tribu aislada en las profundidades de la selva ecuatoriana.

La increíble serie de fotos que tomó el Dr. Jack Wheeler en una reunión la primera vez que esta tribu tuvo contacto con el mundo exterior han sido digitalizadas y mostradas a través de un reportaje de viajes del Daily Mail.

Wheeler, ahora de 76 años, originario del sur de California, contó que descubrió las imágenes en las diapositivas de la película mientras revisaba las pertenencias en su desván durante el cierre y decidió digitalizarlas. Las fotografías, tomadas en 1972, muestran la reunión ‘verdaderamente extraordinaria’ del Dr. Wheeler con una familia dentro de la tribu ‘Auca desnuda’ después de aterrizar en la densa selva amazónica en un pequeño helicóptero.

Conocidos antes como aucas, en realidad se trata de huaoranis. Hacen parte de los pueblos indígenas que componen la población de Ecuador y viven en las provincias de Orellana, Pastaza y Napo.

‘Éramos extraterrestres’

Nunca antes habían visto papel o metal y el Dr. Wheeler dice que la gente de la tribu lo miró a él y a su piloto en el helicóptero como si fueran ‘extraterrestres que vienen del espacio exterior’. El aventurero no era ajeno a la naturaleza del Ecuador.

Cuena que lo visitó primero en 1960 como un curioso joven de 16 años con un gran interés en la antropología. Él revela que era un estudiante principiante de primer año en la UCLA (Universidad de California), que estudiaba antropología y leyó un artículo de revista sobre un médico que vive con los indígenas conocidos como Jívaros en Ecuador.

‘El médico quería aprender sobre las plantas que las tribus usaban para encoger la piel de la cabeza humana, ya que podría encoger el tejido canceroso. ‘Esto me fascinó, así que lo contacté y él me invitó a pasar el verano de 1960 con él y los Jívaros que conocía. Terminé quedándome en la selva tropical con el clan o la familia de un tipo llamado Tangamashi’. Doce años después, como estudiante de doctorado en filosofía en la Universidad del Sur de California, el Dr. Wheeler decidió regresar a Ecuador y visitar a su viejo amigo Tangamashi y fue entonces cuando tuvo lugar su encuentro con la tribu no contactada.

Siendo un joven aventurero, el Dr. Wheeler soñó con viajar por el río Napo, cerca de donde se hospedaba, hasta el punto en que se encuentra con el río Amazonas en Perú. Pero su amigo Tangamashi le advirtió que no hiciera el viaje, porque podría encontrarse con los Aucas Desnudos. Explicando los temores de su amigo de la tribu, el Dr. Wheeler dice: ‘Incluso los cazadores de cabezas más famosos del mundo tenían miedo de los Aucas.

«Se temía a los aucas por matar a cualquier extraño lo suficientemente tonto como para entrar donde vivían, y habían ganado notoriedad mundial en una historia de la revista Life de su asesinato de cinco misioneros evangélicos en 1956». A pesar de ser advertido contra la expedición por el río, el Dr. Wheeler partió en una canoa motorizada y contrató a un barquero local.

Cuando se fue río abajo y se acercó a la frontera con Perú, se encontró con un grupo de hombres estadounidenses empleados por Western Geophysical para encontrar depósitos de petróleo y gas. Recordando la cadena de eventos, el Dr. Wheeler dice: ‘Me informaron que los aucas estaban muy dispersos y aislados, viviendo en pequeños campamentos de una sola familia numerosa, no había pueblos ni una gran tribu. Mientras hablaba con ellos, su piloto de helicóptero Tony Stuart llegó a tierra y me dijo que sabía dónde podrían ubicarse algunos de estos campamentos de los Aucas’.

Al conversar, el piloto Tony le cuenta que en uno de los vuelos un chubasco lo desvió del camino. Se topó entonces con una cabaña Auca. Dijo que solo vio una choza con un pequeño campo plantado cerca. Dijo que los rodeó en su helicóptero y que los hombres le lanzaron lanzas. Antes de irse, se aseguró de marcar dónde vivían los Aucas y cada vez que volaba sobre ellos saludaba con una gran sonrisa para mostrar que no quería hacer daño. ‘Dijo que en su tercer viaje por encima del campamento, los Aucas comenzaron a sonreír y saludar con la mano y en el siguiente viaje no lo podía creer, ya que habían despejado un lugar plano para que aterrizara. Incluso hicieron movimientos para que bajara y aterrizara’.

El Dr. Wheeler le preguntó a Tony si había aterrizado en el campamento de Auca, pero el piloto del helicóptero dijo que no porque estaba solo y había oído que otros hombres blancos fueron atacados y se quedaron con ‘heridas de lanza desagradables’. Después, el Dr. Wheeler le preguntó a Tony si podía llevarlo al campamento de Auca en un intento por ponerse en contacto. Partieron unas horas más tarde y empacaron una escopeta en el helicóptero ‘solo en caso de emergencia’. Al describir el viaje, el Dr. Wheeler dice que les tomó un tiempo encontrar el campamento, ya que la selva amazónica es realmente plana, vasta y sin rasgos, un océano de árboles, y tuvo que evitar una tormenta.

‘Y luego, ahí estaba, tal como él dijo. ‘Me sentí emocionado, con cierta inquietud, pero más emocionado. Nos dimos cuenta de que estábamos haciendo algo realmente extraordinario. Aterrizamos, con aucas saliendo de la choza de una sola hoja de palma: un par de hombres, varias mujeres y varios niños pequeños. Solo unos pocos bajaron a vernos. Nunca había sonreído tanto en mi vida. Pronto todos nos reíamos juntos. No mostraron el más mínimo temor o animosidad hacia nosotros’.

‘Fuimos los primeros hombres blancos que habían visto y era como si fuéramos extraterrestres viniendo en una nave espacial literal desde el espacio exterior. «Sabían lo grande que era el mundo: podían subir a la copa de un árbol y ver ‘el fin del mundo’, el horizonte, y nosotros éramos de más allá. Sin embargo, fueron amables y atentos con nosotros, riendo y sonriendo. ‘¡Pasamos un tiempo muy feliz!’ Las fotografías del Dr. Wheeler reflejan este buen sentimiento, con los hombres y mujeres Auca sonriendo a la cámara.

En las imágenes aparece una mujer con un bebé descansando en sus brazos y tomando el pecho. Tanto hombres como mujeres tienen el cabello largo aunque todos llevan un flequillo distintivo. Según contó Wheeler, «lo más probable es que utilizaran cristal de obsidiana natural, que se encuentra en los lechos de los arroyos y puede ser muy afilado, para realizar sus cortes de cabello». Además, contó, todos tienen orejas estiradas, con grandes discos de madera alojados en los lóbulos, como «un signo de belleza».

La única vestimenta que tenían los Aucas era tela hecha de fibras vegetales machacadas que las madres solían llevar a sus bebés.

Como muestra de amistad, Wheeler y Stuart le dieron a los Aucas algo de cuerda, un hacha vieja y un pequeño machete. Y, según contó, estaban “asombrados” ya que nunca antes habían visto el metal. Otro de los momentos más impactantes fue cuando vieron una caja de fósforos. “Estaban fascinados y mientras encendía un fósforo, “se emocionaron mucho” al ver el fuego en la punta de sus dedos.

Sin preguntar, a cambio de sus regalos, los Aucas le dieron a Stuart un hacha de piedra hecha a mano y a Wheeler una cerbatana.

Los dos aventureros no se quedaron más de un hora allí por el inminente peligro. Más tarde confirmaron que fueron los primeros en entrar en contacto con este particular asentamiento de los aucas.

“El territorio de Auca es muy grande. Los misioneros estaban lejos en la parte occidental. Estábamos en una zona completamente aislada en la parte oriental, cerca de la frontera con Perú. Más tarde hablé con los misioneros en la reserva natural de Limoncocha y me dijeron que nunca habían estado en esa parte del territorio de Auca, no conocían a nadie que lo hubiera hecho”, explicó el explorador, quien ahora vive en Portugal y es dueño de una empresa de expediciones a diferentes lugares del mundo.

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