Guayaquil y Quito son las únicas ciudades de Ecuador que tienen sello de calidad en su agua potable

Solo 5 434 064 (el 31 %) ecuatorianos de 17 267 986 consumen agua de ‘calidad asegurada’. Esta cantidad corresponde a la suma de las poblaciones de Guayaquil y Quito, los únicos cantones de Ecuador que poseen el sello de calidad que otorga el Instituto Ecuatoriano de Normalización (INEN).

La evaluación de la calidad del líquido la realiza el INEN con parámetros físicos, químicos y microbiológicos establecidos en la Norma 1108, que contiene estándares internacionales. Acogerse a estos parámetros es voluntario, pero desde el momento que son incluidos en las ordenanzas municipales pasan a ser obligatorios.

Para que un cabildo sea evaluado debe analizar si cumple con todos los requisitos de la Norma 1108. Si se tienen los indicadores, se contactan con el INEN para que sean auditados y si superan los controles, obtienen el sello de calidad.

Luego se realizan auditorías semestrales. El sello se renueva cada tres años.

“Es menos del 1 % de todos los municipios, es decir, algo más del 31 % de los habitantes de Ecuador. El resto no tiene una calidad de agua asegurada. Nosotros emitimos la norma voluntaria y la actualizamos con referencias internacionales. Hay que preguntarles a los municipios por qué no tienen la norma en sus ordenanzas, ¿es un incumplimiento o una inconsciencia? Creemos que las normas deben ser obligatorias”, dice Germán Gallegos, director ejecutivo del INEN.

En cambio, la Medición de los Indicadores de Agua, Saneamiento e Higiene de 2019, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos, indica que siete de cada diez personas en el país beben agua ‘segura’ (libre de la bacteria E. coli). Además, establece que el 67,8 % de la población utiliza como suministro para beber una fuente tipo A (tubería, pozo protegido o agua embotellada), en la vivienda, de manera suficiente y libre de contaminación fecal.

Pero los estudios que realiza el INEN no solo miden la bacteria E. coli, sino niveles de turbiedad, olor, sabor, arsénico, mercurio, cloro, cadmio, níquel, radiación, entre otros.

“Con esto nosotros decimos que es un agua apta para consumo humano o no. La calidad es hasta la red de distribución, pero más allá de eso no se puede garantizar. Si esa agua, que tiene calidad y puede beberse, llega a una cisterna que tiene lama u otros elementos que dañan dicha calidad, ya no la convierten en apta para el consumo humano”, señala Gallegos.

La empresa Interagua es la encargada de dotar del líquido vital, que capta del río Daule, a los guayaquileños. Arturo Bosques, subgerente de laboratorio de calidad de la concesionaria, sostiene que los estándares de calidad se han logrado gracias a la inversión que se ha realizado a través de los años.

“Cuando el INEN implementó esta certificación se volvió algo estratégico, ya que esto deja en claro que hay un control y que se cumplen con criterios de calidad. Yo tengo la plena confianza de abrir el grifo, llenar un vaso de agua y beberlo. Garantizamos calidad hasta lo que es el medidor”, señala.

Según el funcionario, Interagua tiene laboratorios que monitorean el líquido en la captación, potabilización, liberación y su distribución. Además, realiza una diferenciación entre agua potable para el consumo y de mesa. “La segunda evita el sabor de cloro, está procesada para tener un sabor más agradable, utiliza ozono, ultravioleta, nitrógeno. Pero si el agua de Guayaquil fuera mala, tendríamos muchos casos de infecciones intestinales”, dice.

La Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol) también ayuda en el monitoreo de la calidad del agua de Guayaquil desde el 2005. Según Gloria Bajaña, directora ejecutiva del laboratorio de análisis de alimentos y ambiente Potral de la Espol, se extraen muestras de cuarenta puntos aleatorios de la ciudad mensualmente.

“En la red de agua potable de Guayaquil no hemos encontrado valores microbiológicos que estén fuera de la norma INEN 1108, en esto se considera los parámetros de coliformes fecales”.

También miden el cloro libre residual, pH, entre otros. Con esto la Emapag (Empresa Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Guayaquil) “controla de lo que Interagua presenta”, señala Bajaña.

Afirma que la calidad del agua ha mejorado en 15 años ya que aumentaron las plantas potabilizadoras.

Bajaña sostiene que ciertos cambios de sabor o coloración del agua que llega a los domicilios se debe a problemas internos en las casas como la falta de limpieza en cisternas o tanques elevados.

Aconseja que al abrir las llaves se deje correr el agua por unos segundos. También recomienda limpiar los grifos: “Cuando tomamos las muestras, las llaves están sucias”.

En cambio, la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento de Quito (Epmaps) tiene un grupo de catadores para garantizar la calidad del líquido. Además, ha adquirido predios que antes eran agrícolas, donde hay excelentes fuentes hídricas.

La capital posee una red de 7500 kilómetros de distribución de agua potable y en los puntos más distantes hay puestos de inspección y recloración para mantener el estándar que dicta la norma INEN, dice Juan Fernando Robalino, gerente de Operación de Epmaps.

“Tenemos personal especializado para detectar rastros de uno u otro elemento mineral que puede estar cambiando el sabor del agua”, asegura.

Pese a que solo 2 de 221 municipios tienen el sello, Gallegos afirma que hay cabildos que pueden tener excelente calidad de agua, por eso hace un llamado a certificarse.

El Municipio de Cuenca afirma que sus ciudadanos tienen confianza en el agua que beben. Indica que su proceso de potabilización incluye tres plantas principales que cubren el servicio del 85 % de los consumidores. El resto utiliza sistemas más pequeños y comunitarios.

El líquido es captado de los ríos Tomebamba, Yanuncay y Machángara. En un primer filtro se verifica el nivel de turbiedad o suciedad y un control microbiológico.

Josué Larriva, jefe del Departamento de Agua Potable de la empresa municipal Etapa, explica que esta calidad está avalada por la Norma ISO 9001 en la que se certifican los procesos internos en las tres plantas principales.

Además, en cada planta se implementaron laboratorios en los que se analiza el producto final con muestras aleatorias y constantes. También cuenta con un centro de monitoreo en donde se constata la calidad en la entrega al consumidor final.

En enero del 2019 la empresa recibió la certificación AquaRating por sus servicios de agua potable y saneamiento. Este es un sistema de evaluación desarrollado por el Banco Interamericano de Desarrollo en colaboración con la International Water Association. Aunque el agua de Cuenca cumple la Norma 1108 aún no tiene el sello de calidad, pero el objetivo es obtenerlo este año, dice Larriva.

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